"Todo porque no tengo gracia" - pensé alguna vez.
He decidido rebelarme. ¡Sí señores, rebelarme! Ir contra los cánones establecidos; ir contra los planos dispuestos. Este acto pueden tomarlo como de insubordinación, indisciplina o cualquier palabra de mierda que empiece con “in” (aunque me sienta bastante “out”) y me hayan escupido a la cara con anticipación… por mí, me da exactamente lo mismo.
Explicaré los motivos de esta manifestación a continuación:
Siento que realmente las estructuras están hechas para romperse; en realidad no debería haber pautas a seguir. Si a ti te dijeron que debías aprender a leer antes que escribir, aprende a escupir antes que hablar. Si te dijeron que aprendieras a gatear antes que caminar, aprende a bailar antes que huir.
El motor de la vida debería ser la espontaneidad. ¡Imaginemos ese Edén, compañeros, si todos no analizáramos con lupa nuestros actos! Si cada persona que pone un grotesco pie en esta polvosa esfera que llamamos planeta fuera ella misma, y no la máscara que se recapacita ser. A través de la explosión, las palabras al viento, la espontaneidad misma nos demuestra de qué madera estamos hechos. No hay que planear un cumplido, tiene que nacerte. No hay que premeditar una patada por la espalda, debe responder a un impulso. No nos deberían recordar que hay que demostrar cariño, deberíamos decir más seguido “te amo”.
Me dan asco los aspectos reglamentarios y normativos de esta vida. Me apestan las figuras literarias. ¿¡Por qué chucha tengo que hacerle caso a un escritor del siglo antepasado empapado en olor a polvo de biblioteca barata y hoja de borroneo!? Esas es frases estructuradas, esas demostraciones de sentimientos calculados, esas estrofas calcu LADAS A TRA PA DAS. De verdad que me apesta la literatura que se estanca.
El ejercicio de aprender a través de la vida está en el superarse a sí mismo. Está en el escribir con lápiz pasta y sin corrector, en rayar mil veces una canción. Quizás, cuando todos nuestros poemas estén tachados y los blogs llenos… seremos más maduros.
